Todo lo que siempre quisiste saber sobre el sexting y no te atreviste a preguntar

¿Qué es?

Su nombre es un acrónimo de ‘sex’ o sexo y ‘texting’ o escribir mensajes. Consiste en enviar mensajes, fotos o vídeos de contenido erótico y sexual personal a través del móvil mediante aplicaciones de mensajería instantánea o redes sociales, correos electrónicos u otro tipo de herramienta de comunicación.

Teads

Habitualmente se suele realizar de manera íntima, entre dos personas, aunque pueda llegar a manos de muchos otros usuarios si no se respeta esa intimidad. Lo que por desgracia es bastante habitual. De ahí su mala fama, a pesar de ser una de las prácticas más comunes en la actualidad para ‘subir grados’ tras conocer a alguien en una app de contactos, por ejemplo, o bien para ‘calentarse’ en pareja y mantener relaciones sexuales cuando la distancia lo impide o, simplemente, por placer o para escapar de la rutina.

Pero… ¡cuidado!

Puede ser, por tanto, una práctica sexual en sí misma, sin necesidad de verse en persona después, o servir como calentamiento previo a quedar con alguien en persona.

Pero lo que tendría que ser un juego erótico y algo placentero, podría convertirse en un verdadero drama si no consideramos los riesgos a los que nos exponemos. El comando británico de explotación infantil y protección en línea CEOP, afirma que «existen miles horas de grabación de webcams de chicas británicas publicadas en webs de pornografía infantil», un mensaje alarmante pero realista que nos ayuda a ser conscientes del uso fraudulento del ‘sexting’ y las tecnologías.

Diversión con el sexting

el ‘sexting’ ha de vivirse como cada uno desee, sin exigencias propias ni ajenas. Por supuesto, ser mayor de edad y estar consensuado por ambas partes y ver si fluye de manera que apetezca jugar o no».

Puede servir para conocer a nivel erótico a la persona como previo a una cita sexual, siendo una herramienta mucho más divertida que simplemente preguntar «¿qué te gusta?», y mucho más fiable. «Ves el estilo, cómo se comunica y relaciona contigo. Además se aprecia si podría haber ‘feeling’ o no en persona», comenta.

Lo hace buscando el placer y desde la libertad, pero con cabeza, por eso toma medidas. Aunque reconozca que seguro al 100%, como tal, no lo es, si queremos jugar, recomienda no mostrar nunca lo que no se desee, aunque lo pidan. Por tanto apuesta por lo erótico, menos comprometido, que por lo explícito y genital. Mostrar la cara también implica un riesgo, pues nunca sabes si lo enviará a un grupo de amigos quienes, a su vez, lo compartirán, y corra como la pólvora.

Pero no todas las personas pueden contar de manera divertida lo que les sucedió pues incluso el ‘sexting’ en pareja puede salir mal ya que los y las ex no siempre respetan las fotos eróticas y sexuales de las personas que tanto quisieron, sobre todo si fueron ellos los dejados.

Y es que a veces el novio «te sale rana», que diría mi abuela. Pero no por eso vamos a dejar de ligar, disfrutar o conocer gente.

La cuestión es que aquí entran en juego las nuevas tecnologías y, lo que antes era la «comidilla» del barrio, como mucho, si no tienes cuidado, ahora puedes estar siendo portada de una página para adultos, y no precisamente erótica, sin tu consentimiento. Pero, ¿quién no ha tonteado alguna vez por el móvil?

Perversion con el sexting

Esto es lo que hacen muchos adolescentes, tontear y «pedir de salir» que se decía en mi época, pero ahora tienen móviles con acceso a Internet desde los 10 años, si no antes, en un ordenador sin control parental. Pero también pueden desear hacer ‘sexting’, como saben que lo hacen los mayores, sin saber que podrían ser víctimas de otras personas que, con malas intenciones, les capten y consigan que lo hagan sin querer.

Estamos hablando del ‘grooming’ que consiste en establecer lazos de amistad con un niño o niña, de manera deliberada por parte de un adulto, para obtener satisfacción sexual mediante el envío de imágenes eróticas o pornográficas del menor, solicitando estas, o incluso como medio y preparación a un encuentro sexual posterior. Efectivamente, se refiere a la pederastia y supone un grave problema sobre la seguridad de los menores en Internet.

En este sentido la información y educación sexual preventiva es fundamental, más aún si los menores tienen acceso a móviles, ‘tablets’ u ordenadores.

Pero aunque sea el mayor peligro, no solo los niños y adolescentes pueden ser víctimas del mal uso digital. La ‘sextorsión’ o chantaje sexual aparece en todas la edades y se combate sin duda con menos herramientas y más miedos entre los menos maduros emocionalmente. Los delincuentes que lo realizan juegan con la vergüenza y la culpa para extorsionar y conseguir que la persona realice lo que su ‘sextorsionador’ le pida, a cambio de no contar nada de lo sucedido. Lo cual tampoco suele respetarse, pues la palabra de un chantajista tiene cero valor, lógicamente. Esta sería una práctica de ‘cyberbullying’ o ciberacoso, por tanto.

Manual para hacerlo y no quedar como idiota

Refleja cultura y serenidad en tus textos

Oye… tenemos ya una edad, así que… PQ T EMPÑAS N SCRIBIR COM 1 ADOLSCNT? A KIEN L PNDRIA CAXOND RCIBIR UN SMS SCRITO ASI?

Nadie quiere perder el tiempo en descifrar un maldito jeroglífico, es mejor recibir un mensaje claro y emplear el tiempo en encontrar la forma de que mientras estás sentado en la silla del trabajo la costura de tu pantalón te de gustito en tus partes simplemente haciendo un pequeño movimiento.

«STAS CAXONDO?» deja claro lo que se pregunta, pero también significa que al otro lado de la pantalla hay un chaval o una adolescente , y no queremos eso.

Usa la imaginación

A nadie le hace daño inventarse algo durante una sesión de sexting. La tecnología permite convertir en cuestión de segundos un «Acabo de despertarme y doy un asco que flipas» en un «Ooooh, acabo de darme un baño calentito y súper espumoso…»

Cuidado con las fotos

Consejo para chicos: quizás es buena idea que no le envíes un primer plano de tu polla empalmada a tu compañera de sexting a menos que ella también haya mostrado interés en seguirte el rollo, o te haya pedido una foto de tu polla empalmada. La mayoría de gente no necesita ver un palo erecto para ponerse cachonda, y además, enviar una foto así es ir demasiado rápido, e incluso puede llegar a dar miedo. ¿Sabéis eso que dicen de que una imagen vale más que mil palabras? Pues eso no es cierto en el sexting. El sexting es como literatura erótica, y las fotos no le hacen justicia.

Sí, he dicho literatura.

Y ahora el consejo para las chicas: un primer plano de tu vagina le interesaría a un ginecólogo, pero no a tu compañero de sexting. ¿Te lo harías con alguien con un pijama de esos de cuerpo entero con un agujero en las partes? ¿No? Pues entonces hazte una foto con un poco más de chicha. Créeme, obtendrás mejores resultados si te haces una foto de cuerpo entero y si llevas ropa interior de chica mona. Lo más seguro es que el receptor vaya a enseñarle la foto a más de un amigo así que, al menos, deja claro que eres elegante. No hace falta que incluyas la cara, aunque si eres guapísima deberías hacerlo.

Un poco de estilo, por favor.

El tono de tus mensajes vendrá marcado según utilices la palabra «paja» o «pajote». «Paja» es para la gente elegante, parejas que llevan saliendo mucho tiempo, y gente que se describe como «buena con los masajes eróticos». «Pajote» es para adolescentes cachondos, pervertid@s, el asqueroso o la asquerosa de tu ex que tiene nueva pareja, y cualquier otra persona que intente hacerse la graciosa con el sexting

Y, sobretodo… verifica el destinatario de tus mensajes

Soy diferente

¿Sientes ese «algo» en tu interior que no encaja con ninguno de los cánones impuestos por la sociedad? O… la verdad es que si encajas, pero la forma en en la que tú (o tu entorno) veis ese grupo de personas es reprobable.

¿Prefieres llevar una ropa diferente?¿Sientes fascinación por actividades que a amigos o a familiares ni les interesa?¿Te sientes diferente al resto?

Pues tranquil@. No es nada raro y a todos, en algún momento de nuestra vida nos ha pasado.

El «síndrome del bicho raro» es como el sarampión, una dolencia que tras superarla salimos inmunizados.

Pero, antes de profundizar debemos tener claro…

La diferencia entre ser normal o diferente

El ser uno normal o el ser uno diferente sencillamente no existe, son principios elaborados por ésta sociedad en la que vivimos. Es la propia sociedad la que nos dice qué es lo que debe ajustarse a sus cánones (a ser normal), y por lo tanto a ser diferente. O sea, que si no tenemos el mismo físico que los demás, si no vestimos igual, si no nos atraen las mismas cosas que a los demás, o si sencillamente no te comportas como los demás entras a formar parte del selecto club del «bicho raro».

 Desgraciadamente, la gente imita a otros debido a la presión de los principios de “normalidad” establecidos por la sociedad. Todos, y en ellos me incluyo, tenemos reparo (y en algunos casos miedo) de ser diferentes y llamar la atención por ello.

Es normal tener miedo a sentirse diferente entre tanta mediocridad. Pero precisamente es ese miedo el que nos traba y no nos deja ser nosotros mismos.

Pongamos un ejemplo en el ámbito del mundo LGBT. Muchas personas no se atreven a exponer abiertamente su sexualidad por miedo a ser excluidos por su entorno. Prefieren vivir cohibidos antes de mostrar abiertamente su sexualidad (aunque éste tema es tan extenso que lo expondremos en otro post). Al igual que en este ejemplo podríamos hablar de otros tan ínfimos como gustos al vestir, al escuchar música o a utilizar nuestro ocio (a muchos hombres no les gusta el fútbol y sin embargo apoyan a algún club o asisten a eventos deportivos por la presión de sus amigos o familiares).

Tienen miedo a vivir su autenticidad porque sienten que vas a ser excluido/a, pero precisamente son las diferencias las que nos hacen únicos. Que seas así y no de otra manera distinta es lo que te hace ser precisamente ser tú.

Las pecas de tu nariz, tus características gafas, tu forma de hablar o de vestir, ESO ERES TÚ. Nadie más es así y eso te hace valioso/a. Eres una persona única.

Te pongo un ejemplo

Imagina que vas caminando por la orilla de la playa. Tus pies se hunden en la arena repleta de conchas mientras el sol te da en la cara.

Llevas un rato andando por este agradable paisaje y ya no reparas en lo que pisas hasta que, das con algo sorprendente. Una de las conchas que encontramos ante nosotros tiene un asombroso color rojo anacarado. La única que existe en el horizonte.

Cierto es que todas las conchas son preciosas, pero esa es especial. Es la que marca la diferencia y en la que todo el mundo se fijará al reparar en ella.

Esa concha eres tú. Y lo que te hace especial es lo que hemos señalado en negrita.

Resumiendo.

  • no tengas miedo a expresar tu diferencia 
  • sal ahí fuera y enfréntate a tus demonios 
  • no te sientas mal porque te sientas diferente. Sentirse diferente es un regalo 
  • busca tu diferencia y vive TU verdad 
  • ignora a aquellos que te impiden crecer 
  • trata a las personas como te gustaría que te tratarán a ti 
  • no critiques a los que te toman como raro, pues sin ellos no habrías encontrado tu unicidad 
  • no hagas a los demás lo que no te gustaría que hicieran contigo 

pero sobre todo recuerda: 

la diversidad es la que nos hace evolucionar y ser cada día mejores.

Miguel

Divorcio. ¿Y ahora qué?

Te despiertas un día y te das cuenta de lo que ha pasado. Ausencias, problemas y retos que antes ni te planteabas. Ahora estas sola contra el mundo. Y el mundo parece dejarte sola a tí.

Antes de caer en el pozo de la culpa y la depresion debes plantearte «tirar la basura». Sí, asi de crudo pero igual de sencillo. Tienes que haber pasado por el duelo de la anterior relación, con todo lo que ello conlleva: Desacerte de lastres y salir volando hacia el sol que más caliente.

Y sobretodo pasarlo bien. Distraer tu mente empeñada en aferrarse a tu vida pasada.

Cierto es que, si tienes hijos en común la cosa se complica. Siempre habrá ese contacto que te impida romper del todo los lazos (y debe haberlo, por el bien de vuestros hijos).

Es una situación delicada la de los hijos en los divorcios, y da para otro post, pero en definitiva lo que más importa es el bien común (y el tuyo y el de los tuyos más aún).

Ten en cuenta que después de un divorcio doloroso quedan huellas, e iniciar una nueva relación de pareja con tantas heridas abiertas no es lo más conveniente. Olvídate de la frase “Un clavo saca a otro clavo” e invítate a vivir.

¡Peligro! Regañina de tu «churri».

Lo que al comienzo de la relación parecían pequeñas desavenencias que podían pasarse por alto fácilmente, como la incapacidad de él de poner la lavadora, limpiar la casa, recoger su ropa sucia o apagar las luces de las habitaciones en las que no se está presente, poco a poco comienzan a convertirse en dificultosos escollos que complican la vida en común.

Ella ordena, él se escaquea; ella se enfada, él le grita ofendido. Discusión, reconciliación y dos días después, otra vez lo mismo.

A pesar de que el rol de los sexos puede invertirse, los expertos afirman que lo más común es este reparto en el que la mujer adopta el papel de la figura responsable y sensible a cualquier posible problema mientras que el hombre tiende a despreocuparse de las obligaciones diarias, una situación que suele derivar en constantes reproches. Esta coyuntura en la que entran en juego los problemas de comunicación es una de las más comunes de la vida en pareja, y una de las que tienen más papeletas para terminar mal.

El ‘nagging’ es un problema de comunicación en el que un miembro de la pareja pide y el otro hace caso omiso

De hecho, los problemas en la comunicación son una de las principales razones que conducen al fracaso de un matrimonio, por encima incluso de la infidelidad. La mayor parte de parejas a punto de divorciarse suelen sentir que no son capaces de hacerse entender, aunque esta no sea la razón principal de su separación: un 86% de los matrimonios infelices considera que su pareja no entiende sus motivos de enfado. Igualmente, según un estudio publicado en el Journal of Family Psychology, las parejas que sufren mayores problemas en su matrimonio utilizan un 20% más de comunicación negativa y un 12% menos de interacción positiva que en el momento en que se casaron: el proceso de deterioro es paulatino y casi imperceptible.

Ordenar y obedecer

El término nagging, que se podría traducir aproximadamente como una mezcla de «regañar», «fastidiar», «insistir» y «gruñir», siempre con un matiz negativo, se ha utilizado ampliamente en al mundo anglosajón para nombrar este tipo específico de problemas de comunicación en el que un miembro de la relación pide, y el otro, hace caso omiso. La palabra proviene del escandinavo «nagga», que significa «roer», puesto que el efecto psicológico que se produce en la pareja al repetir una y otra vez las mismas ideas («haz la cama», «llama a tu hermana», «acuérdate de recoger luego a tu hijo») es semejante al que un ratón lleva a cabo con su comida: lenta pero inexorablemente, la insistencia termina devorando la cordialidad de la relación. Los naggers no dialogan, sino que ordenan; a veces con aires de superioridad, otras veces como consecuencia de ver que sus palabras caen continuamente en saco roto.

Los ‘naggers’ critican sin parar y tienden a generalizar.

“Eres siempre igual”

A simple vista lo más sencillo sería defender que cada uno se preocupe de sus responsabilidades, pero en la práctica no resulta tan fácil: en un gran número de ocasiones, los «naggers» responden a un perfil psicológico muy concreto que les lleva a buscar el conflicto continuamente, como forma de afirmación. Las características de este proceso fueron delimitadas en primer lugar por Edward S. Dean en las páginas del Psychoanalitic Review a finales de los años sesenta. «Este proceso suele ser producto de una situación en la que participa gente característica: mientras el que regaña suele ser recto, pero también débil, inseguro y temeroso, el regañado suele aceptar su culpa y mostrar mucho autocontrol«, señalaba el psicoanalista. «Sin embargo, cuando el que realiza los reproches se encuentra con alguien que contesta directa y convincentemente a las críticas, es probable que poco a poco comience a controlarse».

Culpar al otro y hacerle sentir estúpido o inferior son actitudes que dañan la relación.

«Eres una histérica»

También aquel que no cumple con lo que se le pide tiene gran parte de responsabilidad de la situación a la que se ha llegado. No puede hacerse la víctima, como ocurre con relativa frecuencia, ni considerar que todo es producto de la paranoia de su pareja.

Cuando un hombre se siente criticado por su pareja, suele ocurrir que, por lo que a él respecta, ella tiene toda la culpa. Es algo malo que ella le está haciendo a él. Y así, piensa, debe ser ella la que cambie. La mayor parte de hombres asumen que tienen el derecho de determinar el curso de la conversación y su marco de referencia», aseguraba Rowan, que parte de la idea de que el sexo masculino suele evitar por regla general la expresión de sentimientos y las discusiones problemáticas. «

Situarse en el lugar del otro y aprender a controlarse es uno de los grandes retos de la pareja.

Decía Aristóteles que «no es difícil enfadarse con alguien, cualquiera puede hacerlo. Lo complicado es enfadarse con la persona adecuada, en el momento adecuado, y por la razón correcta. Es el arte más complicado.» Así pues, una conversación seria a tiempo que clarifique las reglas a seguir por la pareja puede ser preferible a un largo proceso de deterioro de la comunicación. Situarse en el lugar del otro y aprender a controlarse (ya sea siguiendo ese pacto implícito establecido en la relación, ya sea atajando los accesos de ira) es uno de los grandes retos que se plantean a las parejas que empiezan, ya que de establecer una comunicación basada en la confianza y no en el reproche desde un primer momento dependerá el éxito de su matrimonio en el futuro.

¿Me seguirás queriendo mañana?

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Es la pregunta sin respuesta. Es lo que todos nos preguntamos alguna vez en la vida cuando entramos a valorar la fecha de caducidad de una relación, e incluso de una amistad.
Cierto es que el tiempo (aparte de otros factores) nos lleva a todos a cambiar, y la relaciones, incluso las familiares, no escapan a ese cambio.

Relaciones paterno-filiales.

Las relaciones entre miembros de la misma familia suelen perdurar en el tiempo. La proximidad, el respeto y el sentimiento de propiedad suelen fortalecer dichas relaciones, aunque a veces pueden influir factores que rompan la estadística y nos alejen de alguien que creíamos cercano.

La comunicación es la clave.

Sin comunicación cualquier relación sin cuidados tiende al fracaso. Cuando exista distanciamiento, no debemos dejar la relación abandonada al «ya se arreglara» o conformarnos con el consabido «estamos muy liados». Son errores en los que no debemos caer. Es primordial dejar el orgullo, prejuicios y demás excusas de lado y potenciar la comunicación, el acercamiento, aunque a veces sea muy difícil. No debemos dejarnos caer en la desidia, dejando perder así a personas importantes en nuestra vida.

Relaciones afectivas

Es común que con el amor se idealice a la persona de la cual nos hemos enamorado. Nos olvidamos de sus defectos y magnificamos todo viendo únicamente sus virtudes.

¿Vemos sólo lo que queremos ver? Si es así, no podrá durar para siempre. Cuando la relación se afianza y va «en serio» es cuando empezamos a conocer a la persona que realmente tenemos delante. ¿Nos gusta realmente? 

Fecha de caducidad

Hay creencias que dicen que el amor dura entre dos y tres años, y que cuando pasa este tiempo empiezan a aparecer las crisis, las dificultades y las discusiones de pareja, cada vez más frecuentes. 

Pero también hay otras versiones quizá algo más coherentes que opinan que el amor dura todo lo que la pareja quiera que dure. ¿Por qué? Porque el amor es como una planta. Sí, una planta a la que hay que regar y darle cariño cada día para que no se muera. En una relación si te acomodas o no hablas sobre sentimientos y sobre la vida en sí misma está abocada al fracaso. 

Formula para que no termine

Como en las relaciones familiares, no existe una formula magistral que nos asegure la permanencia a nuestro lado de una persona. Existen multitud de factores (algunos externos) que nos pueden llevar a distanciarnos. Pero debemos potenciar los que si están a nuestro alcance:
La pasión, la comunicación, la confianza, el respeto y la fidelidad entre ambos.
Afianzando estos (siempre entre ambos miembros), tenemos muchas posibilidades de perpetuar nuestra relación en el tiempo.

V.

Y de nuevo nos unamos.

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Ha pasado un año.
Un año somos más viejas, más sabias con los años.
No son pocas las miradas, los gestos, incluso abrazos. Nos queremos sin conocernos porque somos todos víctimas, pasajeros de un sistema marginal que nos separa. Y tú menos que nadie. Reducido a la mínima expresión esperas, como un pajarillo herido, en un rincón junto al árbol, el mismo que te dio la vida y desde lo alto casi te la quita. Me miras sonríes y escapas volando.
La mar de amores desapareció hace un año. Se esfumo entre los dedos como el humo que creemos no poder retener. Ha sido complicado. Sin desdedidas y con desmayos. Las personas no defraudan, solo siguen caminos no esperados. Y ahora, aunque solas, seguimos caminando.
Ahora solo ruego una cosa, solo pido un abrazo. Y que ese abrazo se eleve y se vea multiplicado. Y que vuele muy, muy lejos, y te llegue.

Y de nuevo nos unamos.

Navidad

La navidad nos hace darnos cuenta de las cosas que realmente importan en nuestras vidas, el amor, los seres queridos, la salud. En ocasiones, a lo largo del ajetreado año se nos pasan por alto muchas cosas que consideramos insignificantes, pero que, de seguro, trastocarían nuestra vida de no tenerlas a nuestro alcance.  Estos días nos sirven para darnos cuenta de ellas y estar agradecid@s de tenerlas para ser feliz.

¡Feliz Navidad Amores Míos! Que seais muy, muy, muy felices 😉

El equipo de LMdAabeto-arbol-naavidad-con-estrella

Los hijos. Esos pequeños dictadores.

pequeño vampiro

Algunos especialistas lo han denominado como el síndrome del emperador. Javier Urra, psicólogo de la Fiscalía de Menores de Madrid y ex Defensor del Menor de esta comunidad autónoma, prefiere calificar estos casos como los de los pequeños dictadores. El diagnóstico, no obstante, es común. Aluden a los niños y adolescentes que maltratan, pegan, roban o vejan a sus progenitores o a sus abuelos, un fenómeno que aumenta progresivamente año tras año. En 2012 se registraron en España en torno a 8.000 denuncias de padres contra sus hijos de 14 a 18 años. En 2006, las denuncias ascendieron a 7.300 y en 2005 a 6.700. Unas cifras que por si solas no reflejan la magnitud del problema, ya que evidencian únicamente la punta del iceberg.

Urra, autor del libro «El pequeño dictador. Cuando los padres son las víctimas, se muestra seguro de que este perfil de muchachos, que generalmente tienen a sus madres como víctimas directas de las agresiones, «ejercerán la violencia de género con sus parejas cuando sean adultos». Los menores déspotas no son, subraya, una consecuencia «de problemas cromosómicos ni genéticos». «Tampoco padecen una enfermedad mental. Son chicos sanos, lo que ocurre es que nadie les ha enseñado a esforzarse y a tener empatía. No nacen conflictivos, sino que no se ha sabido educarles», asevera.

Su tesis reside en que la mayoría de los padres han sabido educar correctamente a sus hijos. Pero un sector nada desdeñable «ha educado mal a una generación de niños cuando tenían cuatro o seis años y ahora esa ola llega como un ‘tsunami’ de niños o adolescentes tiranos». Para Urra, es evidente que no se puede pasar del antiguo autoritarismo de los progenitores «a que algunos padres tengan ahora miedo de sus hijos».

Límites

Cada vez se presentan más casos de adolescentes que no presentan sentimiento de culpa por estas actitudes. El germen, señala el especialista, reside en la infancia, cuando hay que comenzar a poner ‘límites’. «La disciplina, la autoridad y las sanciones son parte de la educación. Lo primero que hay que hacer con un hijo es quererle, dialogar, pero no negociar. Al final debe hacerse lo que los adultos creemos por responsabilidad», apunta.

Y es que cuando el niño nace tiende a ser caprichoso, a ser egoísta, pero a los pocos años ya debe estar educado para aceptar la frustración. Sin embargo, alude el experto, «en esta sociedad algodonosa española» se ha extendido la especie de que hay que dar muchas cosas a los niños, o todas las que pide, «para que no se traumatice». «Una tontada -dice vehemente– porque el niño piensa que el mundo gira a su alrededor y que el principio filosófico que rige la vida es primero yo y después yo. Con cuatro años puede ya estar convertido en un pequeño tirano. Lo que hace falta es poner normas y decir ‘hasta aquí hemos llegado’. Luego, si ese niño llora, no se va a traumatizar ni le va a pasar nada».

Claro que, en caso contrario, a los 10, 12 ó 14 años después las consecuencias pueden derivar en un adolescente «que parte la nariz a su madre porque la ‘muy zorra’ no le ha planchado la camisa verde. ¿Qué ocurrirá cuando se convierta en adulto?», deja abierto.

Las causas, como suele suceder, son varias y complejas, si bien Urra sostiene que la educación de los padres es la fundamental. La permisividad conduce a que muchos padres «digan que no pueden con sus hijos de ocho años o que algunos les tengan miedo cuando son un poco mayores. Eso no puede ser».

Un hábito

¿Y estos menores tienen sentimiento de culpa? «Para ellos es un hábito. Cuando pasan a un centro de reforma porque han pegado a su madre, ellos saben mentalmente que está mal lo que han hecho, pero no lo sienten así, porque siempre han hecho lo que han querido y no entienden que su madre no se doblegue». «Hay chicos -agrega a los que el juez dice: ‘te voy a privar de libertad’, y le contestan retándoles: ‘porque lo digas tú’».

Conceptos como el sacrificio, la compasión, la empatía o la piedad no son intrínsecos al ser humano, enfatiza Urra. «Se crean, hay que educarlos», insiste. Arguye, además, que los padres no deben volcarse solo en sus hijos, «sino en ser felices con su pareja y a título individual». Eso sí, ser «constantes y coherentes todos los días» en la educación de sus hijos desde muy pequeños.

«Hay que tener criterio. Un cachete, una vez, a tiempo …» puede ser necesario, si bien no es partidario de la ‘bofetada’. «Es muy fácil pero no es la verdadera respuesta. Lo que hay que tener es la capacidad de sancionar con inmediatez y que se cumpla. Si a los tres años tiene que recoger sus juguetes, lo tiene que hacer, y punto». Porque «si en ese pulso el niño vence, coge una deriva peligrosísima».

Mantiene este experto que los chicos que son conflictivos en el hogar «pueden serlo fuera, pero no necesariamente». «Hay chicos que parecen muy majos y tienen en casa a una auténtica esclava, que es su madre». La mayoría de los adolescentes agresores son varones, «aunque también hay chicas», y la víctima normalmente es la madre, aunque se dan casos del padre y de los abuelos. «Suelen ser hijos únicos o el pequeño de la casa», resume.

Educación antes que cirugía

Es evidente que estos casos son minoritarios, pero cada vez salen más a la luz pública. «Es la mayor tragedia que puede existir para unos padres: sentirse vejados o ridiculizados por sus hijos.

Hay madres que me han dicho: ‘Sé que mi hijo me va a matar’. Es durísimo». Estos menores no son, por tanto, ‘carne de psiquiátrico’, «porque no nacen conflictivos, lo que ocurre es que no hemos sabido educarlos». En Dinamarca, pone como ejemplo, a este perfil de muchachos se les manda a un barco con seis o siete marineros. «Se resuelve su problema a la segunda semana, después de trabajar duramente».

Conclusión: «No se puede comprar el amor de los niños, hay que ser padres y adultos». En caso contrario, cuando tengan de 16 a 18 años puede darse la dramática paradoja de que los padres pidan que la Administración se quede con la tutela del adolescente. «Nos dicen que no pueden, que les ayudemos, y les mandamos a un centro durante varios meses. Pero eso es cirugía y se trata de no llegar a ello, sino de educarlos desde niños correctamente».

Los perfiles de estos muchachos suelen surgir de hogares donde la figura del padre «está desaparecida» o donde al niño que nace se le considera «el rey, el hombrecito de la casa». También surge por «separaciones mal llevadas, donde uno de los cónyuges malmete a su hijo contra el ex». A ello se une que vivimos en una «sociedad hedonista, permisiva». Y es que hoy en día «no es ya tan fácil ser padres».

Recuperar la ilusión

playa

Es una frase  repetida hasta la saciedad: ‘necesito recuperar la ilusión’. Cuando parece que las cosas van mal, la rutina nos atenaza y entramos en un ritmo de vida en el que los problemas y las dificultades nos asedian, manifestamos que necesitamos recuperar la ilusión.

Recuperar la ilusión es una especie de argumento o una pócima de magia doméstica que utilizamos para intentar salir de un bache personal o colectivo. En cierta manera puede convertirse en un recurso fácil que nos puede impulsar hacia algún lugar, pero que no sabemos qué es ni cómo es. En realidad, podría ser un espejismo.

En sicología, se usa el término ilusión para referirse a una esperanza infundada. ¿Es una esperanza infundada buscar la ilusión o el deseo de recuperar la ilusión? En cierta manera sí, porque es dejar al azar un futuro incierto; pero por otro lado, no, porque la gasolina que nos mueve hacia el futuro son esos sueños o esos proyectos sin nombre que se gestan en nuestra mente.

Sin duda, la ilusión por las cosas nos hace fuertes en el camino diario. Ver en el futuro cierta esperanza nos permite movilizar el presente y revolucionarnos positivamente. Es esa revolución interior de desear, aún sin saber los detalles de lo que queremos conseguir, lo que nos permite andar sin cansarnos, perseguir el objetivo superando las adversidades o alcanzar cualquier meta con las fuerzas bastante intactas.

Pero al ser la ilusión una esperanza —la mayoría de las veces infundada—, puede inducir a errores. Es decir, confiar excesivamente en la suerte, confiando en que para que se dé la ilusión no es necesario tener ciertos aspectos claros. Dicho de otra manera, una ilusión sana necesita unas motivaciones sanas, una vida ordenada y unos propósitos saludables.

Entre algunos de los aspectos que inciden en lograr una buena ilusión, podemos incluir algunos elementos básicos y primordiales, como ordenar moralmente la vida, observar si la falta de estímulo se debe a una incipiente depresión o vivir en un ambiente de encarcelamiento ambiental y emocional. Éstas y otras actitudes y formas de vida pueden influir determinantemente en la falta de ilusión y la desidia existencial.

Cómo recuperar la ilusión
* Ordenar la vida. Sin un mínimo orden en aspectos básicos, como la familia, la actitud esforzada o simplemente los horarios, recuperar la ilusión será un espejismo, porque serán esperanzas sin una base cierta.
* Detectar una posible depresión. Episodios de depresión, ya sea temporal o permanente, aleja determinantemente la ilusión por la vida, por las cosas o por la cotidianeidad. Muchas personas que se quejan de falta de ilusión están afectadas por situaciones de depresión que condicionan tanto su presente como su futuro. Identificar si existe depresión es un primer paso; tratarla convenientemente con un especialista, el segundo.
* En lo posible, salir de cualquier cárcel que ahogue el día a día. Una relación de pareja permanentemente enferma puede difuminar toda ilusión. También, una situación familiar o social perniciosa puede cerrar cualquier puerta a la esperanza. Es necesario identificar la cárcel que aprisiona cualquier atisbo de mirada al futuro. Evidentemente, si está incidiendo determinantemente y provocando angustia y desasosiego constante, será necesario saber salir de ello. En ocasiones, se deberá cortar radicalmente; en otras, buscar opciones que hagan menguar la influencia diaria.
* Tomar actitudes entusiastas en las pequeñas cosas que habitualmente nos agradan. Cuando falta la ilusión general, pequeñas actitudes entusiastas en cuestiones que nos atraen mucho puede ir incorporando briznas de ilusión. Una actividad que nos guste mucho o un pasatiempo que siempre nos ha apetecido puede participar en generar una actitud más positiva frente al decaimiento.
* Imaginar que el abatimiento de hoy será la anécdota de mañana.Después de tiempo y cuando ya han pasado las dificultades presentes, nos daremos cuenta de que el sufrimiento de ayer queda en un recuerdo, una anécdota o un episodio a comentar incluso con cierta mofa. En realidad, cuando se está en medio de la no ilusión por nada, una mirada atrevida y relativista sobre las cosas nos puede fortalecer anímicamente y ayudar a un cambio de paradigma.
* Esforzarse en periodos cortos. Sin ilusión, el esfuerzo continuado mengua; pero aún pese a esta realidad, el esfuerzo es muy necesario para salir airoso. La diferencia entre el optimista y el entusiasta consiste en que el primero espera a que las cosas vayan bien, mientras que el segundo hace todo lo necesario para que todo vaya bien. Es decir, el esfuerzo, aunque sea en breves periodos, es consustancial con el entusiasmo. Sin pequeños esfuerzos, no podrá nunca existir ilusión, porque si se abandona cualquier pequeño esfuerzo, la desidia puede llevar a episodios mucho más graves y de consecuencias más difíciles de superar.
* Enfocar las ilusiones en cuestiones que tengan que ver preferentemente con personas. Habitualmente, equivocamos los objetivos de las ilusiones al imponernos deseos excesivamente materiales. Por ejemplo, poner la ilusión en que nos toque la lotería es una esperanza poco factible de disfrutar plenamente. Primeramente, porque las probabilidades reales son muy pocas, aunque existen; y segundo, porque pese a que el dinero es algo vital para la vida y la existencia, nunca podrá completar en sí mismo la felicidad. Pero si incluimos personas en nuestras esperanzas, ponemos la esencia de la dicha: un 70% o más de nuestra felicidad depende de la relación con las personas.
* Proyectar ilusiones realizables. Una ilusión objetivamente inalcanzable es en sí misma una ilusión perdida. Buscar una ilusión realizable nos permitirá ir incluyendo otras adyacentes que poco a poco podrán movilizar nuestra vida.
* Optar por la resiliencia. La resiliencia es la capacidad de reponerse ante las adversidades, para afrontar de manera efectiva eventos y circunstancias de la vida severamente estresantes o desestabilizadoras. Pero, más allá de la recuperación, este término hace referencia a poder desarrollar recursos personales, que hacen a la persona más fuerte frente a agresiones similares, es decir, la capacidad de aprender de la adversidad: la clave de una ilusión activa y útil.

Cuando la cosa no va…

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Cuando has querido a una persona y has tenido un vínculo estrecho con ella, cuesta dar el paso de romper esa relación, aunque las dos partes sepan que la cosa no funciona, un claro ejemplo serían los coches que antes de estropearse del todo, ya están dando problemas: un manguito, la bomba de agua, la batería lo que sea… El “joio” coche va dando problemas hasta que decide que no anda más.

Cualquiera de las dos personas, tanto la que toma la decisión de romper como la que prefiere seguir pasándolo mal, sufren, se angustian, se deprimen, etc. y durante un tiempo son como una especie de zombis ojerosos que solo ven y sienten: rabia, dolor y en muchos casos resentimiento y desesperación.

En ocasiones, la parte de la pareja que «sufrió» la decisión, puede entrar en una espiral en la que lo único que le importa es que la persona vuelva y es capaz de recurrir a todo tipo de desmanes, incluido el de menospreciarse hasta límites del mismo suelo; confiar en personas que en otra situación ni se le ocurriría; e incluso intentar cualquier tipo de locura que le aseguren que, por un precio, la tierra dejará de girar para ellos dos, un coro de ángeles bajará y volverá por arte de magia un pasado «idílico» que en muchos casos hace ya mucho tiempo que dejo de existir.

 

Motivos de la ruptura

Desde una mala comunicación hasta falta de intimidad o rutina son algunos de los motivos más frecuentes por los que una pareja decide terminar su relación. Pero sin duda, los factores pueden ser muchos: falta de comunicación, no saber afrontar las dificultades que vienen, problemas con los hijos, discusiones por diferencia de poder o diferentes niveles económicos, no respetar la individualidad o profesionalidad del otro, falta de compromiso, separación física, aparición de la rutina y, por supuesto, la violencia física y verbal.

Otros factores claves son una mala o escasa sexualidad y que ya no exista la pasión y por tanto, no quede más en común que el cuidado de los hijos o las tareas del hogar.

Por supuesto, dejamos para el final la interacción de otras personas. Cuando hay un/a tercer@ la cosas se complica. Las infidelidades duelen, y es preciso analizar bien la relación para sonsacar qué ha fallado y las posibles causas.

Salidas al laberinto

Aunque cueste, hay que aceptar una realidad que no se puede cambiar, porque lo peor, cuando se termina una relación, es obsesionarse con la idea de volver a estar juntos.

El abrigar esperanzas donde no las hay, no ayuda a vencer la desilusión y consigue que esa persona se aleje más.

Lo productivo es meditar los motivos por los que la relación se desmoronó, analizar lo que provocaba la mayor parte de las discusiones y por último pensar si realmente la relación valía la pena, sin idealizar a la otra parte.

Todos tenemos derecho a estar con las personas que queremos, sin presiones, victimismo o culpabilidad.

Esta regla no tiene excepciones.

En el juego del amor, no hay vencedores ni vencidos, todos sufrimos cuando una relación no sale como habíamos soñado, pero merece la pena seguir intentándolo una y otra vez hasta dar con esa felicidad que por supuesto merecemos.

 

 Puede uno amar sin ser feliz; puede uno ser feliz sin amar; pero amar y ser feliz es algo prodigioso (Honoré de Balzac).